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3.1: La Ilustración (siglo XVIII)

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    El siglo XVIII se conoce también como “Siglo de las Luces”. El desarrollo del capitalismo, basado en la industria pero también en el colonialismo, llevó a cambios radicales en las estructuras políticas, como por ejemplo en las revoluciones francesa, estadounidense y haitiana. En consonancia, el pensamiento iluminista (también llamado “La Ilustración”) rechazaba los privilegios aristocráticos basados en el apellido y promovía igualdad de derechos ante la ley, privilegiaba la razón sobre las creencias tradicionales y confiaba en que la investigación, la ciencia y el desarrollo industrial producirían sociedades más felices.

    Maquina vapor
    El desarrollo de la máquina de vapor marcó un hito para el desarrollo industrial.

    El ascenso del capitalismo, la Ilustración y el neoclasicismo

    “¿Habrá cosa más cansada que la compañía de los que no estiman a un hombre por lo que es, sino por lo que fueron sus abuelos?”.
              –José Cadalso (1741-1782), en Cartas marruecas, 34 (1789).
    Could there be a more tiresome thing than being in the company of those who do not appreciate a man for what he is, but for what their forefathers were?

    eje: axis
    banca: banking
    lucro: profit
    se hacía: it was becoming
    bomba: pump
    vapor: steam
    materias primas: raw materials

    endeudado: in debt
    almacenista: wholesaler
    gusto: taste

    El mercantilismo de los siglos XV a XVII había cambiado el eje económico de mucha parte de Eu­­ropa occidental. La economía basada en la tierra y en la producción agrícola (el feudalismo), se trans­formó en un sistema dominado por la expansión comercial (el mercantilismo), que ya en el siglo XVIII puede lla­mar­se claramente el capitalismo. El desarrollo de la banca y de la industria son los indicadores de este nuevo sistema. Dentro de un espíritu consumista y de lucro, se hacía prioritario generar ma­yores y más rápidos medios de producción con avances técnicos como la bomba minera y la má­qui­na de vapor. Se competía también por el transporte masivo y eficiente de materias primas para ofre­cer productos nuevos y más sofisticados a sociedades siempre interesadas en consumir más.

    El motor del nue­vo sistema económico era la burguesía –los comerciantes que ha­bi­taban en los “bur­gos” o ciudades–, que se convirtió en una clase muy prominente. Muchos ban­queros, por ejem­plo, podían influir sobre monarquías y noblezas altamente endeudadas. Fue notable también el cre­ci­mien­to ur­ba­no que fomentó el enriquecimiento de ocupaciones tales como al­ma­ce­nis­tas, arte­sa­nos, doc­­to­res, abogados, periodistas y empleados de las cortes, que podían darse lu­jos en ro­pa, cu­li­na­ria, te­a­tro y libros, entre otras cosas, y de este modo influenciar los gustos colectivos.

     

    dar lugar a: to result in
    catedrático: scholar

     

     

     

    mediados del siglo: mid-century

    bienestar: welfare

    Ilustración, Iluminismo, Siglo de las Luces: Enlightenment.

    ponerse de moda: to become fashionable

    El sistema político que se desarrolló en conjunción con el mercantilismo fue la mo­nar­quía cen­tra­lizada, que eliminaba el exceso de fronteras entre pequeños feudos, facilitando el comercio, y fa­vo­re­cía proyectos imperiales alrededor del mundo. Estas monarquías dieron lugar a com­ple­jos Estados na­cionales que necesitaban una racionalización creciente de sus instituciones, fo­men­tan­do la re­le­van­cia de la clase media profesional (abogados, catedráticos, empleados estatales). Pe­ro en el siglo XVIII el autoritarismo jerárquico de estas monarquías era más un obstáculo que una ven­taja para las clases bur­guesas, que buscaron una influencia más directa en el control del Estado. Con este espíritu ocu­rrie­ron las revoluciones de Inglaterra (1688), Estados Unidos (1786) y Francia (1789), que buscaban dar el poder político a los ciudadanos “comunes”, do­mi­nados económicamente por comerciantes e in­­dus­­triales. Así se reinventó la democracia en nombre de valores capitalistas: libertad económica (para comerciar), igualdad política (para deshacer las jerarquías aristocráticas), fraternidad social (cír­culos de apoyo político y económico).

    En el campo de las ideas, la economía mercantil favoreció la experimentación científica y el hu­ma­nismo, suplantando paulatinamente la ideología jerárquica y teocéntrica por la observación em­pí­ri­ca y la lógica racionalista. Para mediados del siglo XVIII, el liberalismo burgués era la vanguardia del pensamiento occidental con tres creencias básicas: 1) la razón era una “luz” capaz de resolver todos los problemas de la vida; 2) el gobierno debía tomar responsabilidad por el bienestar de su pueblo; y 3) el individuo tenía derecho a educarse y a defenderse del autoritarismo político, religioso e ideológico. Estos eran los postulados de la Ilustración, cuyos exponentes más famosos eran de las dos potencias económico-militares de la época: Gran Bretaña (John Locke, David Hume, Adam Smith) y Francia (René Descartes, Charles de Montesquieu, Jean Jacques Rousseau, François de Voltaire). De hecho, lo francés se pone de moda y poseer la lengua francesa se transforma en un signo de alta cultura.

    hito: milestone

     

     

     

    laico: secular, lay
    incluso: even

    acudir: to turn to
    fuente: source

     

     

     

     

     

     

     

    cordura: sanity
    grosería: rudeness
    mesurado: moderate, restrained

    Un hito en la influencia de la Ilustración fue la publicación de la primera Enciclopedia en Fran­cia, entre 1751 y 1765, pensada como el instrumento para educar a la sociedad y así asegurar el fin del Antiguo Régimen, arguyendo que el absolutismo monárquico se basaba en la ignorancia del pue­blo para dominarlo. Así, la intelectualidad europea desarrolló un sistema de ideas que hacía con­ve­niente y lógico el poder burgués, e injusto y poco práctico el poder aristocrático. Las luces de la ra­zón harían “progresar” al mundo (centrado en Europa), sacándolo de la superstición, irracionalidad y ti­ra­nía atribuidas a la llamada “Edad Oscura”, es decir, la época feudal y aristocrática.

    En varios sentidos, entonces, puede afirmarse que la Ilustración del siglo XVIII constituye la con­solidación hegemónica de lo que había comenzado con el Renacimiento del siglo XV. La bur­gue­sía, que en el Renacimiento era una clase minoritaria en ascenso, se convierte en el siglo XVIII en la cla­se dominante política e ideológicamente. La fe se traslada de Dios al hombre (an­tro­po­cen­trismo), y el progreso da sentido a la vida: lo moderno es mejor que lo tradicional. Se favorece una cultura lai­ca e incluso anticlerical (secularización). La razón y la observación rigurosa (racionalismo y em­pi­ris­mo) son la base de la verdad y de lo creíble para fines útiles al mejoramiento social. Se desarrolla la fi­losofía del utilitarismo y pragmatismo, bajo la fórmula de obtener "la mayor felicidad para el ma­yor nú­mero de gente" (Epicuro).  Se buscan principios y conocimientos que sean aplicables siempre y en to­do lugar (universalismo, enciclopedismo). Se acude a las fuentes grecorromanas como base del pen­sa­miento cien­tífico, filosófico, legal y político (clasicismo). Se cree en la democracia, la libertad, la igualdad y la fraternidad (liberalismo).

    En las artes occidentales, una manifestación de la Ilustración es el neoclasicismo. Si los re­na­cen­tistas, para oponerse a la estética teocéntrica feudal, reivindicaron la herencia humanista de los clá­sicos griegos y romanos, los iluministas revaloraron la mesura y equilibrio de esta herencia clásica pa­ra oponerse al exceso del Barroco, asociado con la ostentación aristocrática. Se buscan en cambio armonía, equilibrio y simetría. Todo lo des­pro­porcionado y exagerado se considera monstruoso en la estética neoclásica. Las artes en general de­ben tener un fin útil, que puede ser didáctico (enseñanza), moral (depurar las pasiones) o so­cial (sátira de las malas costumbres, para corregirlas). Por eso se ponen de moda las fábulas, los en­sa­yos, las sátiras. El teatro pretende edificar las costumbres con la comedia y limpiar de pa­siones el alma con la tragedia. La originalidad se considera un defecto, y se estima que se pueden lo­grar obras maestras con fórmulas racionales, imitando modelos greco­rro­ma­nos en la arquitectura, la escultura, la pintura y la literatura. El academicismo impera y la creatividad debe someterse a re­glas claras. El teatro y la narración, por ejemplo, deben volver a las tres unidades estatuidas por Aristóteles: de acción, lugar y tiempo; los franceses añaden la unidad de estilo. El “buen gusto” (burgués) exige re­chazar lo vulgar y lo exagerado: las artes deben representar una realidad estilizada, idealizada, en la que la elegancia sea tan importante como la cordura. El len­guaje no admite groserías, debe ser amable, mesurado, claro.


    Estética barroca vs. neoclásica

    barrocovsneoclasicismo.png


    Fuentes


    • Alonso, E. et al. Goya and the Spirit of Enlightenment. Boston: Little Brown, 1989.
    • Blanco Aguinaga, Carlos, et al. Historia social de la literatura española. Akal, 2000.
    • Davies, Catherine, ed. The Companion to Hispanic Studies. Oxford University Press, 2002.
    • García de Cortázar, Fernando y José Manuel González Vesga. Breve historia de España. Alianza Editorial, 2017.
    • Glendinning, N. A Literary History of Spain: the Eighteenth Century. London: Berrn; New York: Barnes Noble, 1972.
    • Kattán Ibarra, Juan. Perspectivas culturales de España. NTC Publishing, 1990.
    • Polt, J. H. R. Poesía del siglo XVIII. 4th edn, Madrid: Castalia, 1994.

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