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2.2. Diario 19jun1822

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    Manuela Sáenz, pintura original de Mauricio GiraldoManuela Sáenz de Vergara y Aizpuru (Quito, 1797-Paita, Perú, 1856) fue una activista y pensadora ecuatoriana que tuvo un papel muy significativo en las luchas por la independencia de Perú, Ecuador y Colombia. Participó activamente en batallas estratégicas, llegando al grado de Coronel en el ejército colombiano. Después de que estas naciones obtuvieron su independencia de España, Manuela fue parte del gobierno, especialmente a partir de su relación con Simón Bolívar, pero fue rechazada y desterrada por sus contemporáneos. Su papel histórico ha sido reivindicado desde mediados del siglo XX, y hoy se considera una figura heroica de las naciones andinas.
    [Rostro de Manuela Sáenz, pintura original de Mauricio Giraldo]


    Diario, 19 de junio de 1822


    Manuela_Saenz_1825.jpeg   Se conservan pocos escritos de Manuela Sáenz, en parte por el olvido histórico que sufrió durante el siglo XIX, y en parte porque sus posesiones fueron incineradas después de su muerte, durante una epidemia de difteria. Conocemos partes de su diario, que relata de manera coloquial y emotiva muchos sucesos hoy altamente significativos para la historia de Colombia, Ecuador y Perú. En 1822, Manuela se hallaba en Quito, y el 19 de junio narra su emoción con la celebración de la llegada del ejército victorioso a esa ciudad y la experiencia de conocer al gran héroe Simón Bolívar, conocido como el Libertador.
    [Imagen de Manuela Sáenz, cerca de 1825. Cortesía de Wikipedia]

    Mientras lees, intenta identificar qué eventos describe Manuela y cuál es su emoción al respecto.
    → Recuerda consultar un buen diccionario.
    ¡Puedes comenzar a crear tu propio banco de vocabulario con las palabras que te parezcan más útiles!


    19 de junio de 1822
       La caravana de los héroes entró a las ocho y media de la mañana por la calle principal […]. Enseguida voy a describir los hechos del 16, que considero muy especiales por la fortuna con que me han tocado.
       ¡Estoy muy feliz! Pareciera como si el mundo entero se hubiera venido por acá. Qué apoteosis de recepción. No caben palabras para describir tanta emoción de la gente; desde la más alta alcurnia, pasando por todas las clases «de colores, gustos y sabores» y condiciones sociales, y autoridades y clérigos (que me enseñaron a redactar así); hasta el más humilde de los indios que poco o nada entienden de estas cosas, se dieron cita para tributar su agradecimiento al Libertador y Presidente.
       Yo estaba en compañía de mamá, en quien era raro ver algún signo de alegría o de tristeza. Sin embargo, su manifestación de júbilo era tal, que me hizo sentir la más feliz de las hijas, porque supe que mi madrecita también compartía de corazón toda esta alegría patriótica […]. Sentimos que la entrada de Su Excelencia el Libertador y Presidente Simón Bolívar era muy importante para gratificar la ciudad de Quito por su dedicación a la Libertad desde el nueve.
       En las iglesias resuenan las campanadas alegres, la pólvora alborota más la algarabía y la ansiedad de las gentes por mirar y tocar a los héroes iba en aumento, en un frenesí de locos. Todo hasta verlos aparecer al frente suyo. Su excelencia el Libertador Bolívar y Presidente de Colombia venía acompañado por el General Sucre, grandioso héroe de Pichincha. Su Excelencia Simón Bolívar a la derecha, S.E. el General Sucre a la izquierda, posición muy bien ganada por su valentía a toda prueba. El corazón me palpitaba hasta el delirio. Creo que esto de ser patriota me viene más por dentro de mí misma que por simpatía.
       S.E. el Libertador es un gallardo jinete, engalanado con uniforme de parada, en el que los hilos de oro se veían como evaporándose en el brillo del sol que ese día era como una parrilla. Venían en paso de formación y con los más escogidos oficiales. El Libertador y Presidente montado en un precioso caballo blanco […].
       Desde todos los balcones, al pasar, llovían los pétalos deshojados de las rosas; flores y ramos caían para ir formando una alfombra fragante y colorida, que hizo más encantadora la algarabía y el recibimiento; los aplausos se escuchaban por doquier y los vivas a la República y a sus ejecutores se entonaban en coros más altos, de uno y otro lado de las calles. El delirio era ver y tocar de cerca a todos, pero con mayor placer a S.E. el Libertador Bolívar, saludarlo, tocarlo; ser correspondido.
       Cuando se acercaba al paso de nuestro balcón, tomé la corona de rosas y la arrojé para que cayera al frente del caballo de S.E.; pero con tal suerte que fue a parar, con toda la fuerza de la caída, justo en el pecho de S.E. Me ruboricé de la vergüenza, pues el Libertador alzó su mirada y me descubrió aún con los brazos estirados de tal acto. Pero S.E. sonrió y me hizo un saludo con el sombrero que traía en la mano, y justo esto fue la envidia de todos, familiares y amigos, y para mí el delirio y la alegría de que S.E. me distinguiera de entre todas; casi me desmayo.
       […] Se dispuso por parte del comité de recepción un gran festejo para el pueblo, y la tarima sirvió para el recibimiento en la plaza […]. Posteriormente, en la Catedral, S.E. Bolívar fue conducido hasta el altar mayor en una ceremonia religiosa que duró casi dos horas. Luego hubo fiesta para el pueblo y fuegos artificiales hasta bien entrada la noche.
       Vino a visitarme por la tarde del 16 don Juan Larrea, para invitarme al baile en honor de S.E. el Libertador Bolívar, que se celebraba en la misma casa de don Juan; a lo que me dispuse inmediatamente, mandando la vajilla y arreglos de flores, tal como me lo pidió el comité de recepción.
       Mi madre y yo llegamos junto con mi hermano José María al baile, casi al filo de las ocho. Enseguida fuimos atendidos por un paje que nos condujo hasta el salón, donde don Juan Larrea nos recibió de manera muy entusiasta. Tomándome del brazo, luego de haber saludado muy cortésmente a mi mamacita, me llevó hasta el sitio donde se hallaba Su Excelencia, sentado al fondo del salón y al centro, bajo un dosel preparado para él y lujosamente adornado.
       S.E. Bolívar estaba conversando muy amenamente con sus vecinos, acompañado de sus generales. Al ver que nos acercábamos, se levantó, disculpándose muy cortésmente, y se inclinó haciendo una reverencia muy acentuada. Mi corazón palpitaba cuando de don Juan Larrea escuché: «S.E., es para mí halagador presentarle a la señora Manuela Sáenz de Thorne». S.E. Bolívar me miró fijamente con sus ojos negros, que querían descubrirlo todo, y sonrió. Le presenté mis disculpas por lo de la mañana, y él me replicó diciéndome: «Mi estimada señora, ¡si es usted la bella dama que ha incendiado mi corazón al tocar mi pecho con su corona! Si todos mis soldados tuvieran esa puntería, yo habría ganado todas las batallas». Me avergoncé un poco, cosa que S.E. notó al instante y, disculpándose, me tomó de la mano invitándome a bailar una contradanza, luego un minué que, aunque aborrezco, acepté encantada; para luego seguir con otra contradanza que nos dio la oportunidad de hablar. Luego un vals muy suave que nos puso muy románticos.
       Todas las parejas pararon para ver bailar a S.E. Bolívar, pues tiene fama de excelente bailarín, aplaudiéndonos; cosa por la que me puse muy contenta. S.E. me apartó luego para decirme: «Señora, insisto en que usted ha tocado hoy justo en mi corazón. Su belleza es el mejor regalo que un héroe puede recibir, pues su encantamiento se halla en su agradable vivacidad. Es forzoso entonces que yo manifieste a usted el motivo real de mi alegría. Me encuentro fascinado de usted por no decir enamorado. Quién hubiera sabido que en esta ciudad se encontraba precisamente la poseedora del crisol donde debo fraguar mis sentimientos. Su arrobadora belleza hace que cualquier hombre transgreda los más caros principios de la fidelidad y el respeto. Permítame que yo, su humilde admirador, haga uso de esa maravillosa transgresión».
       Aunque muchos hombres me han lisonjeado, nunca hubo uno con tal osadía. Pero sus palabras no eran sino fragancias de una caja de música. ¡Yo acepté encantada! Y descubrí desde aquel mismo momento que el hombre venía solo, pero traía consigo mi felicidad, esa que yo no conocía hasta ahora. S.E. Bolívar no paraba de hablarme y lisonjearme presentándome a sus generales, advirtiéndoles de antemano que yo estaba comprometida con él y con la causa; les decía que yo era la realización de sus sueños, la compensación de sus desvelos por la libertad, etc. Todos ellos respondían, a una, que S.E. bien se merecía tal halago, por ser de lo más exquisito para los héroes, cosa que me dejaba perpleja.
       Me tomé la libertad de hacerle bromas a S.E., las que le encantaron, diciéndome que yo tenía la habilidad y el genio de hacerle reír, lo que otros no lograban fácilmente. Entre estas bromas le pedí que «el ridículo» minué (ya pasó de moda en Europa), en especial, debía grabarse como recuerdo perdurable de nuestro primer encuentro. Se rio a carcajadas muy sonoras y me dijo que, para mi satisfacción (siempre hablándome de mi belleza), mis palabras eran órdenes que iban a ser cumplidas inmediatamente.
    […] A partir de ese momento, todos sus generales se dirigían a mí con profunda admiración y respeto, lo que no dejaba de incomodarme, puesto que quería tener también la confianza de ellos.


    Comprensión

    Escribe el orden en que ocurren cada uno de los siguientes eventos:

    (     ) Bolívar se ríe con las bromas que la hace Manuela y le dice que sus palabras son órdenes.
    (     ) La caravana militar hace su entrada triunfal en Quito.
    (     ) Don Juan Larrea visita a Manuela para invitarla a un baile en su casa.
    (     ) Manuela le lanza unas flores al Libertador.
    (     ) Manuela y Bolívar bailan varias piezas (minué, contradanza, vals).
    (     ) El Libertador participa en una ceremonia religiosa en la catedral.
    (     ) Bolívar presenta con admiración a Manuela ante sus generales.

    Respuestas

    7, 1, 4, 2, 5, 3, 6


    Conversemos sobre esta entrada del diario


    Conversación

    Aquí tienes algunas preguntas para inspirarte:

    1. ¿Cómo es el recibimiento de los héroes en Quito? Comenta la actitud de la gente y las emociones que describe Manuela.
    2. ¿Por qué dice que los indios “poco o nada entienden de estas cosas”? ¿Qué refleja esta observación sobre las relaciones entre criollos e indígenas en el siglo XIX?
    3. ¿Qué pasa cuando Manuela intenta lanzar una corona de rosas a Simón Bolívar? ¿Cómo se siente ella durante esta situación? ¿Qué comentario hace él sobre este incidente durante la fiesta por la noche?
    4. ¿Qué eventos incluyó el recibimiento de los héroes en la plaza? Comenta las peculiaridades culturales de los eventos descritos.
    5. ¿Cómo describe Manuela su primer encuentro con Bolívar? ¿Qué hacen? Comenta las actitudes y emociones de ambos.
    6. ¿Con qué otras personas interactúan Bolívar y Manuela en la fiesta? ¿Cómo la describe Bolívar a sus amigos? Comenta el hecho de que Manuela "quería tener la confianza" de todos sus generales. ¿Qué indica esto sobre su personalidad y sus aspiraciones?
    7. Comenta tus impresiones sobre el estilo, el tono y otros detalles de esta entrada del diario. ¿Qué indican sobre la personalidad Manuela? ¿Qué detalles resalta? Piensa también en la expresividad de oraciones como "pareciera que todo el mundo se hubiera venido por acá" y en lo que comunican. ¿Qué otras observaciones se podrían hacer sobre la cultura de esa época?
    8. ¿Has vivido momentos de gran emoción colectiva, momentos en que te parece estar en el centro del mundo? Comenta alguna experiencia de este tipo en tu vida o sobre la que has leído, escuchado, visto en películas, etc.

     


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