2.7: La lectura- Del azúcar a la troca- reflexiones sobre variación y cambio en el español
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- Puedo reflexionar sobre cómo las ideologías del lenguaje, las experiencias culturales y las estructuras sociales influyen en la construcción de mi identidad lingüística y cultural.
- Puedo inferir el significado de palabras usando el contexto de un texto.
- Puedo identificar la idea principal de textos de diversos géneros (ficción, informativos, argumentativos, etc.) y de diferentes modalidades (textos escritos, videos, podcasts y otros recursos multimodales), y proponer ideas sobre los objetivos del/la autor/a o creador/a.
- Puedo reconocer ejemplos de variación lingüística fonologica, léxica y gramatical (sintáctica) presentes en distintas variedades del español.
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Antes de leer: Busca las siguientes palabras en un diccionario, escribe un sinónimo y después escribe una oración usándola en contexto. Añade estas palabras y cualquier otra palabra o frase nueva en tu lista de vocabulario del capítulo.
La lectura: Ahora vamos a leer la lectura titulada Del azúcar a la troca: reflexiones sobre variación y cambio en el español escrita por la Dra. Lidia Aguilera Lora.
Biografía: Lidia Aguilera Lora obtuvo su doctorado en Lingüística Hispánica en la Universidad de Illinois Chicago (UIC) en 2025. Su trabajo académico explora la relación entre lengua e identidad, con un énfasis especial en el mantenimiento del español en los Estados Unidos y la promoción de la alfabetización bilingüe. Se interesa particularmente por enfoques académicos que reconozcan y empoderen a las comunidades mediante una enseñanza equitativa y culturalmente relevante. Su labor busca tender puentes entre la investigación, la pedagogía y el trabajo comunitario.
Del azúcar a la troca: reflexiones sobre variación y cambio en el español Durante mis años de estudiante de posgrado en Lingüística Hispánica en la Universidad de Illinois, Chicago (UIC por sus siglas en inglés), me encontré con muchas situaciones que me hacían reflexionar sobre el español y su diversidad. Este texto recoge algunas de esas anécdotas, que sirven como punto de partida para reflexionar sobre cómo las lenguas cambian, se mezclan y se valoran de distintas formas. (1) La segunda vez que mis padres vinieron a visitarme a Chicago yo ya estaba viviendo en Pilsen, un barrio con una larga historia de inmigración. Primero llegaron comunidades checas y polacas a principios del siglo XX, y más tarde, desde mediados del siglo pasado, Pilsen se transformó en un centro de vida mexicana. Hoy, sus murales coloridos, sus panaderías, y las taquerías en cada esquina lo hacen sentir como un pedacito de México en Chicago. Mi madre, que no habla nada de inglés, se enamoró del barrio mexicano, con sus letreros en español y la posibilidad de conversar con las meseras en las taquerías sin mi ayuda para traducir. Pero antes de explicar qué me enseñaron esta y otras anécdotas sobre la variación y el cambio en el español, conviene aclarar un marco importante: muchas personas creen que las lenguas deberían permanecer estáticas, preservadas “puras” tal como eran en el pasado. Otras, en cambio, reconocen que las lenguas están vivas y cambian al ritmo de la vida de sus hablantes y de los contactos culturales que experimentan. Estas diferentes formas de pensar se conocen como ideologías lingüísticas: creencias o actitudes sobre qué usos de la lengua son legítimos o correctos y cuáles no. A través de reflexiones y anécdotas, a lo largo de este texto veremos cómo esas ideologías influyen en la manera en que se valora el español en distintos contextos. Y con esta aclaración en mente, retomemos la historia de aquella visita de mis padres. (2) Una tarde, mi padre y yo estábamos cansados, pero mi madre quería visitar una tienda de ropa en la Dieciocho (18th street) y se marchó sola de compras. A la vuelta, me mostró los leggings que había comprado en varios colores diferentes, forrados de pelito para resistir las bajas temperaturas del invierno Chicagüense. Pero lo más interesante fue cuando mi madre me contó: La dependienta me dijo que le gustaba mi cabello chino, ¡pero los chinos no tienen el cabello rizado! Yo sonreí, porque aunque soy española como mis padres, llevo muchos años viviendo en Chicago y ya conocía el uso del adjetivo chino para decir rizado. La expresión pelo chino, que se usa coloquialmente en México para referirse al cabello rizado o encrespado, está documentada en los diccionarios de americanismos, con un posible origen en el sistema racial de castas que impusieron los españoles en los siglos XVII–XVIII. En ese sistema racial de castas, se empleaban etiquetas como chino/china para ciertas mezclas raciales y, en la práctica, esas categorías iban asociadas a rasgos físicos (como la textura del cabello) y al trabajo doméstico, de modo que el adjetivo terminó aplicándose al pelo rizado en general. El que “pelo chino” se haya mantenido muestra cómo el lenguaje cotidiano conserva huellas coloniales aunque sus hablantes ya no perciban el trasfondo. Sin embargo, fuera del contexto mexicano, chino puede significar literalmente “persona de China”, y de ahí vino la confusión de mi madre con su pelo bien rizado, intentando entender a qué se refería la dependienta. Aunque mi madre no reaccionó a mi explicación con rechazo, sino con sorpresa e interés, esta anécdota me hizo recordar un dato mencionado en una presentación sobre el español: ¿Pueden adivinar el origen de las palabras azúcar y guitarra en español? Azúcar: del árabe hispánico assúkkar, del árabe clásico sukkar. (3) En su presentación, mis compañeras exponían que es difícil imaginar a alguien argumentando que las palabras azúcar y guitarra no son españolas por sus raíces arameas, árabes o griegas. Igualmente, no hubiera tenido sentido que mi madre no aceptase el significado de chino como rizado o crespo para los mexicanos, solo porque ella no lo conociera hasta que yo se lo compartí aquella fría tarde de diciembre tras su conversación con la dependienta mexicana. Este ejemplo conecta directamente con el marco inicial: mientras mi madre interpretaba la palabra chino desde una visión reducida de la lengua (donde se espera que cada palabra signifique lo mismo independientemente del lugar donde se hable), la dependienta usaba la misma palabra pero enraizada en su contexto cultural. La diferencia de perspectivas ilustra cómo las ideologías lingüísticas influyen en la comprensión y valoración de las palabras. Me gusta esta anécdota porque me hizo recordar los ejemplos de azúcar y guitarra y conectarlo a otras palabras como chino/a, pero para mí, el valor de esta anécdota está en la apreciación y aceptación de mi madre de un contexto lingüístico diferente al suyo pero igualmente válido. (4) Unos años más tarde tuve la oportunidad de enseñar un curso de introducción a la lingüística hispánica, donde uno de los temas era la variación lingüística por contacto entre lenguas. Un caso de contacto lingüístico extenso y profundamente influyente es el del territorio actualmente conocido como América Latina. Desde la era colonial hasta el presente, las lenguas nativas originarias han contribuido de manera decisiva a la conformación de un español genuinamente americano. Es fundamental, sin embargo, reconocer que estas lenguas y las comunidades que las sostienen no pertenecen únicamente al pasado: siguen existiendo como comunidades vibrantes que continúan transmitiendo sus prácticas lingüísticas y culturales, sin dejar de luchar activamente por el reconocimiento y la protección de sus derechos lingüísticos. Esta realidad sociolingüística también se refleja en rasgos estructurales concretos del español actual. Por ejemplo, en el español de regiones andinas se da la ausencia de concordancia entre sujeto y atributo, o entre el sujeto y el verbo, por la influencia del Kichwa: Los informes fueron excelente. Otro ejemplo es el español de México, que puede presentar doble marcación posesiva, un rasgo que no es exclusivo de esta región pero se ha asociado a la influencia de lenguas indígenas como el náhuatl: Su casa de él Referencia: Azevedo, M. M. (2009). Introducción a la lingüística española (3.ª ed.). Pearson Prentice Hall. (5) Aunque yo ya había estudiado los fenómenos de lenguas en contacto durante mi maestría, fue cuando lo tuve que explicar a mis estudiantes que cobraron un sentido más completo. De inmediato lo conecté con las palabras azúcar y guitarra y su origen, y con la confusión de mi madre cuando alguien le preguntó por su cabello chino. Las lenguas se adaptan, crecen, se influencian unas a otras, y los hablantes expandimos el conocimiento lingüístico que tenemos de nuestra propia lengua materna. Estos fenómenos muestran que la lengua nunca se ha mantenido intacta ni “pura”. Más bien, cada etapa histórica confirma que las ideologías que defienden una lengua estática no corresponden a la realidad. Igual que el pelo chino de México o el azúcar de raíz árabe, las estructuras influenciadas por el kichwa o el náhuatl revelan que el español siempre ha cambiado con las culturas y comunidades que lo hablan.
(6) Entonces, volviendo a Chicago y a muchas otras ciudades de los Estados Unidos, encontramos una vez más al español entrando en contacto con otra lengua: el inglés. A diario usamos palabras como biles (facturas), troca (truck) y aplicación (application), así como frases como déjeme saber (let me know), en lugar de “avíseme ”. Pero los cambios no se limitan al vocabulario. También es común escuchar oraciones con el pronombre sujeto más presente de lo que sería en otros contextos hispanohablantes, como en yo pienso que eso está bien en lugar de simplemente pienso que está bien. Y en las conversaciones cotidianas aparece con frecuencia el marcador como para introducir pensamientos o citas, de manera parecida al like en inglés: y yo como, “no voy a ir”. Estos ejemplos no solo muestran que el contacto lingüístico enriquece el léxico, sino que también revelan los procesos cognitivos que intervienen cuando los bilingües pensamos y expresamos lo que queremos decir. Ahora bien, no todos los neologismos (es decir, palabras o expresiones nuevas que surgen en una lengua y que con el tiempo se pueden volver parte de su uso común) reciben el mismo trato. Cuando aparecen palabras nuevas porque existe una realidad nueva —por ejemplo, wifi o guglear (to google)— suelen aceptarse rápidamente, ya que responden a necesidades tecnológicas o culturales compartidas. En cambio, los neologismos que surgen del contacto entre lenguas, como troca o biles, a menudo son juzgados con desconfianza o incluso rechazados. (7) A diferencia de palabras como azúcar o guitarra o el caso de wifi y guglear, que nadie cuestiona a día de hoy, innovaciones como troca y biles en el español de Estados Unidos suelen ser criticadas o consideradas “mal español”. Esa diferencia en la valoración revela cómo operan las ideologías lingüísticas: aceptamos sin problema los cambios históricos, pero deslegitimamos los contemporáneos, aunque ambos provengan del mismo proceso natural de contacto entre lenguas. Mientras que nadie cuestiona la “españolidad” de palabras como guitarra o azúcar, sí se tiende a juzgar palabras como troca o expresiones como déjeme saber. Igualmente, neologismos tecnológicos como wifi se entienden como parte inevitable del presente, mientras que los neologismos de contacto como aplicar se evalúan según ideologías que consideran unas formas legítimas y otras inadecuadas. La diferencia no está en la naturaleza del cambio (que es el mismo: contacto lingüístico), sino en la ideología con la que se lo interpreta: ¿se ve la lengua como algo estático que hay que proteger, o como algo vivo que evoluciona con quienes la usan? (8) En conclusión, al analizar ejemplos que van desde el azúcar y la guitarra hasta el pelo chino y la troca, vemos que el español siempre ha sido una lengua viva en constante cambio. La diferencia entre aceptar algunos cambios y rechazar otros depende de las ideologías lingüísticas que tenemos sobre lo que significa “hablar bien” o “hablar mal” (y quién consideramos que habla bien y quién lo hace mal). Retomemos la definición inicial para cerrar el círculo: las ideologías lingüísticas son esas creencias que moldean la forma en que juzgamos el lenguaje y a sus hablantes, y comprenderlas nos ayuda no solo a entender la historia del español como una lengua viva e independiente de los libros de textos y diccionarios, sino también a valorar la legitimidad y riqueza del español que se habla hoy en Estados Unidos. Mientras variaciones como azúcar y guitarra con raíces árabes o griegas, o el uso de pelo chino en México forman parte del español desde hace siglos, en su día también fueron neologismos. Hoy, en Estados Unidos, el español sigue transformándose en contacto con el inglés y con la diversidad de comunidades que lo hablan. Con varios siglos menos de antigüedad que los ejemplos anteriores, algunas personas prefieren quedarse estancadas y ver estas variedades como errores o simples modas, mientras que otras las entienden como parte natural de la evolución de una lengua viva. ¿Qué nos dice esto sobre las ideologías lingüísticas de hoy en día? ¿Qué historias, identidades y realidades reflejan? Al reflexionar sobre el español de Estados Unidos podemos preguntarnos: ¿qué valores y prejuicios están detrás de la forma en que juzgamos una variedad lingüística? ¿Y qué significa, en última instancia, reconocer la riqueza y legitimidad de hablar y vivir en más de una lengua? Después de leer: Contesta las siguientes preguntas basándote en el contenido de la lectura.
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